Siempre el mismo camino. Tres pasos.
Sin proyectos eternos ni facturas sorpresa. Aquí está cada paso por dentro: qué ocurre, qué te llevas y qué necesito de tu parte.
Diagnóstico
Antes de construir nada, mido. El diagnóstico no existe para venderte una implantación: existe para saber si compensa hacerla.
Abro lo que ya existe
Miro los ficheros con los que trabajáis hoy: las hojas de cálculo, las plantillas, los correos donde vive el proceso. En un caso aparecieron noventa y una plantillas de etiqueta y catorce hojas de registro que nadie había contado nunca.
Mido con quien hace el trabajo
No con quien lo dirige: con quien lo ejecuta cada semana. Cuántas veces se repite, cuántas manos toca, cuánto tarda cada una y en qué punto se queda parado esperando a alguien.
Pongo el coste en horas y en euros
El proceso deja de ser una queja y pasa a ser una cifra. Esa cifra es la que decide si seguimos, no mi opinión ni tus ganas.
Recomiendo, aunque sea que no
Si los números no salen, te lo digo y ahí termina. El informe te lo llevas igual, por escrito, y haces con él lo que quieras.
Qué te llevas
- El informe escrito con el coste real del proceso, en horas y en euros
- Mi recomendación técnica: qué merece la pena tocar y qué conviene dejar como está
- El alcance cerrado de la implantación, si compensa hacerla
Qué necesito de tu parte
- Unas horas de quien ejecuta el proceso, no solo de dirección
- Los ficheros y documentos reales con los que trabajáis, no ejemplos
- Alguien que pueda responder por qué se hace cada paso como se hace
Implantación
Construyo el sistema sobre vuestro material real y no me voy hasta que tu equipo lo usa sin mí delante.
Sobre vuestro material, desde el primer día
Nada de demos genéricas. El sistema trabaja con vuestras mediciones, vuestras tarifas y vuestros documentos desde el principio, porque es la única forma de saber si aguanta.
Conectado con el programa que ya usáis
Vuestro programa de gestión se queda donde está. El sistema se integra con él: lee los datos que ya existen y le devuelve lo que genera. Nadie tiene que aprender otra pantalla.
Se corrige con vosotros delante
Al principio se equivoca. En vez de esconderlo, lo convierto en el método: el equipo corrige y cada corrección lo deja más fino. La confianza se gana así, no con una demostración.
Nada sale sin que alguien lo mire
El sistema propone y tu gente dispone. En documentos que salen de la empresa, la última palabra la tiene siempre una persona.
Formo hasta que sobro
No es una sesión de formación en una sala. Es acompañar el trabajo real hasta que lo llevan sin preguntar.
Qué te llevas
- El sistema funcionando sobre vuestros datos reales
- La integración con vuestro programa de gestión
- El equipo manejándolo sin apoyo
Qué necesito de tu parte
- Una persona de referencia que conozca el proceso por dentro
- Los accesos necesarios a vuestro programa de gestión
- Tiempo del equipo para revisar y corregir las primeras salidas
Acompañamiento
Opcional y sin permanencia. Existe porque un proceso que nadie mira se degrada solo, no porque haga falta un contrato más.
Se mide sobre datos, no sobre impresiones
Cada mes se mira qué está aguantando el proceso y qué se ha desviado, con los números delante en vez de con la sensación de que va bien.
Se ajusta lo que la realidad ha movido
Un cliente nuevo, una referencia nueva, un documento que cambia de formato. Lo que antes obligaba a rehacer plantillas a mano ahora es un ajuste.
Aparece el proceso siguiente
Cuando uno queda resuelto suele verse cuál es el que se está comiendo las semanas ahora. Si compensa, empieza otro diagnóstico; si no, no.
Se deja cuando quieras
Sin permanencia. Sigo porque aporta, no porque lo obligue un contrato, y el sistema se queda funcionando igual si lo dejas.
Qué te llevas
- Revisión mensual del proceso con los datos delante
- Los ajustes que vaya pidiendo el negocio
- Aviso en cuanto algo deje de compensar
Qué necesito de tu parte
- Un rato al mes para mirar los números juntos
- Que me digáis lo que ha cambiado en el negocio antes de que lo note el sistema
¿Cuál es el proceso que te ahoga a ti?
Mándame un WhatsApp y cuéntamelo. En una llamada de 20 minutos te digo si tiene arreglo y cuánto te está costando no arreglarlo.
Se abre WhatsApp. Te contesto yo, no un comercial.